Aquí voy dejando huellas,
que quizás disolverán,
esas celosas doncellas,
que son las olas del mar.
Porque permiten mi paso,
por su ribera y mi errar
y aunque me hacen contrapaso,
sólo a él suelen amar.
Si yo logro canturrearles
y hechizarlas con mi andar,
quizás hasta llegue a chiflarles
y dejen mi huella estar.
Y si ellas borran mi rastro,
mi orgulloso deambular,
aquí yo pongo mi lastro
y así yo me anclo en su lar.
Si estelas borran ociosas,
estas oleadas sin par,
puedo decir orgullosa,
que dejé en ellas mi andar.
Yolanda de la Colina Flores
31 de julio del 2016
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