Los sonidos del mar
no son eco en caracolas,
no el oleaje y su bramar,
ni el graznar de las gaviotas.
No es el golpe de mareas
sobre riscos o espigones,
ni las algas danzarinas
haciendo de levitones.
Es la risa de los niños
entre el vaivén del las olas,
son los besos y los guiños
de los novios y las novias.
Es una habanera al viento
silbada por un patrón,
mientras viaja a barlovento
dando giro a su timón.
Es la madre que le canta,
una nana a su bebé
y mientras que le amamanta,
la va peinando el tupé.
Yolanda de la Colina Flores
1 de junio del 2016
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